Historia del Arte Ago-Dec 09

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Pintura del Renacimiento

El principal objetivo de la pintura renacentista fue la consecución de la belleza, entendida ésta como representación de la realidad, siguiendo los principios humanísticos de racionalidad y equilibrio compositivos, en virtud de los cuales se percibe el placer estético y el del intelecto.

La subsiguiente evolución hacia la subjetivización de los principios renacentistas sirvió de base para la creación de algunos de los grandes genios de la pintura de todas las épocas, como Leonardo da Vinci (1452-1519), Miguel Ángel (1475-1564), Rafael (1483-1520), Tiziano (1485-1576) o El Greco (1545-1614)

Iniciadores del Renacimiento Pictórico

Masaccio (1401-1428): unánimemente considerado como artífice de los principios renacentistas, recuperó, en la breve producción que legó, el espíritu realista de Giotto; eliminó la decoración ornamental del gótico a base de ritmos curvilíneos y fondos dorados y construyó el espacio mediante la aplicación de las leyes de la perspectiva, reivindicando el sentido naturalista de fondos y paisajes. Sus obras clave en este aspecto fueron los frescos de la capilla Brancacci, de la iglesia del Carmine, y la Santísima Trinidad, en la iglesia de Santa María Novella, ambos en Florencia.

Fra Angélico (1400-1455): el otro gran referente de la incipiente pintura renacentista, en su obra es más apreciable que en la de Masaccio la evolución del gótico al Renacimiento, por prolongarse más en el tiempo. El precario uso de la perspectiva y la ornamentación en obras como La Anunciación dan paso a un naturalismo plenamente renacentista en los frescos de la capilla privada del papa Nicolás V, en el Vaticano.

Grandes Maestros del Quattrocento

Junto con los anteriormente citados, cabe destacar a los siguientes grandes maestros de la pintura:

En la pintura renacentista del siglo XVI, tanto los grandes maestros como los pintores de menor celebridad adoptaron como principal pauta el manierismo, es decir, la expresión individual, según la propia "maniera" de su estilo y sus inquietudes artísticas.

Los Grandes Maestros Italianos

Transcendiendo épocas y estilos, la pintura del siglo XVI en Italia cuenta con tres de los máximos exponentes del arte pictórico de todos los tiempos en Leonardo da Vinci (1452-1519), Miguel Ángel Buonarroti (1475-1574) y Rafael Sanzio (1483-1520).

La enigmática personalidad de Leonardo se reveló en la carta en la que ofrecía sus servicios a Ludovico Sforza, señor de Milán, en la que se presentaba como ingeniero militar y, sólo al final, hacía una breve referencia a sus capacidades como arquitecto, escultor y pintor. Entre su producción pictórica cabe destacar la Adoración de los Magos, La Santa Cena, La Virgen y el Niño con Santa Ana, y el retrato de Mona Lisa.

La expresión titánica del arte de Miguel Ángel halló su culminación pictórica en los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina y en el muro del altar de El Juicio Final, realizado en la misma capilla veinte años más tarde.

Rafael se constituyó en el prototipo del equilibro ideal del clasicismo en obras como los frescos de la Stanza de la Signatura del Vaticano, con célebres escenas como La Escuela de Atenas, El Parnaso o La disputa del Sacramento.




Otros grandes nombres del Cinquecento pictórico fueron Tiziano Vecellio (h. 1485- 1576), refinado y sensual cultivador del género mitológico, el retrato y la temática religiosa e histórica; Giorgione (1477-1510), Jacopo Robusti, Tintoretto (1518-1594), Paolo Caliari, Veronés (1528-1588), Antonio Allegri, Correggio (1494-1534) y Agnolo di Cosimo, Bronzino (1503-1572).

Pintura Renacentista en Europa

Los principios de la pintura renacentista se difundieron con rapidez por Europa, donde florecieron diversas escuelas nacionales.

Los Frescos de la Capilla Sixtina

Miguel Ángel pintó los frescos del techo de la Capilla Sixtina por encargo del Papa Julio II. Rechazando toda ayuda, trabajó en un andamio especialmente realizado para la ocasión. Los temas de los frescos están tomados de la Biblia (Antiguo Testamento en el techo y Apocalipsis en el frontal), pero Miguel Ángel incluyó también a las sibilas (adivinas) clásicas, porque se decía que habían profetizado el nacimiento de Cristo.





El Mecenazgo de los Médicis

A lo largo del siglo XV la Corte de los Médicis, señores de Florencia, se convirtió en un centro de protección y fomento de todas las ramas del saber y de las artes. Entre los creadores que desarrollaron su obra al amparo de la corte medicea cabe destacar a Fra Angélico, en época de Cosme de Médicis (1389- 1464), y a Botticelli, en tiempos de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), de quien fue amigo personal.





Leonardo da Vinci

Leonardo da Vinci supone la culminación del saber universal y la personificación del intelecto inquieto. Junto a sus actividades artísticas, Leonardo investigó y desarrolló diferentes campos de la ciencia y técnica (ingeniería militar y aeronáutica, anatomía, biología), dejando constancia de ello en los numerosos dibujos que acompañaban a sus originales textos (escritos al revés, por lo que es necesario leerlos con la ayuda de un espejo).

En el estudio de Verrochio, pintor y escultor, realiza su primera obra pictórica: Anunciación de la Virgen (Uffizzi, Florencia). No obstante su primera gran obra será la Última Cena del convento de Santa María delle Grazie en Milán. La escena recoge el momento en el que, tras el anuncio de la traición a los apóstoles, cada uno pretende demostrar su inocencia. Leonardo ofrece un amplio repertorio de gestos y reacciones, en una pirámide visual en la que los personajes y la mesa del primer plano constituyen la base, y la cabeza de Cristo el vértice.

Durante su estancia en Milán realiza para su protector, Ludovico Moro, toda suerte de trabajos de ingeniería civil y militar, así como la estatua ecuestre de su padre, Francesco Sforza, y algunas versiones pictóricas de la Virgen de las Rocas.

Cuando regresa a Florencia inicia la que será su obra más emblemática: La Gioconda. Se trata del retrato de Monna Lisa, mujer del rico comerciante Francesco del Giocondo. El hecho de que el propio pintor no la diera por concluida y la llevara consigo en sus traslados, incluso cuando marcha a Francia, ayuda a que sea una de las obras con más interpretaciones, un indiscutible icono de la pintura occidental. Llama la atención la espontaneidad con la que posa la joven, el suave difuminado de sus contornos y rasgos faciales y, por supuesto, el gesto de la sonrisa, centro de muchas de esas interpretaciones.

En Leonardo se funden la actividad artística y científica. La segunda fue menospreciada por sus contemporáneos, pero en la primera fue valorado como un maestro que supo plasmar la belleza como ideal renacentista. Su técnica más notable es el sfumato, consistente en difuminar los contornos basándose en su teoría científica sobre "el espesor transparente del aire". Leonardo pensaba que la atmósfera no era transparente, sino que tenía color y formas propias que cambiaban por efecto de la luz.

















Michelangelo Buonarroti

La figura de Miguel Ángel encarna el ideal del hombre del Renacimiento. Atendió a las tres artes, si bien él siempre se consideró ante todo escultor. En esa manifestación artística destacó muy pronto con obras como la Piedad del Vaticano. Recibirá el encargo de hacer el grandioso Mausoleo de Julio II, proyecto que incluía más de cuarenta figuras.

La muerte del pontífice redujo las dimensiones del trabajo, para el que Miguel Ángel realizó el célebre Moisés y una serie de esclavos. La figura del Moisés es paradigma de la "terribilitá" o fuerza contenida. Los esclavos, por su parte, demuestran la concepción escultórica del autor, quien aseguraba que las figuras latían en el interior de la roca y que los escultores sólo debían extraerlas.

Años antes hizo para la ciudad de Florencia el colosal David (con más de cuatro metros), donde quiso destacar más que la fuerza, la concentración del héroe bíblico, con una anatomía claramente definida.

En el terreno arquitectónico, destaca su participación en la basílica de San Pedro del Vaticano, siendo responsable de la cúpula y de ciertas modificaciones del proyecto de Bramante. Además remodeló la plaza del Capitolio, muestra de cómo es posible generar la idea de amplitud en un espacio angosto. Similar objetivo persiguió en la escalera de la Biblioteca Laurenciana en Florencia.

La Capilla Sixtina fue su gran obra y, a la vez, su gran pesadilla. El proyecto, encargado por Julio II, le supuso una dedicación absoluta durante cuatro años (1508-1512), el mismo tiempo que empleó en toda su bóveda. El propio Miguel Ángel ideó toda la composición, proyectó las escenas y pintó las más de trescientas figuras que se reparten en los más de cuatrocientos metros cuadrados.

Con las escenas del Antiguo Testamento (entre las que destaca la creación de Adán por parte de Dios, cuyo rostro es el del propio Julio II) junto a las de profetas y sibilas paganas buscaba subrayar la continuidad entre el mundo grecolatino y el cristianismo. En 1541 recibirá el encargo de pintar el Juicio Final para la misma Capilla Sixtina, ofreciendo una de las obras más dramáticas del arte pictórico.


















Rafael Sanzio

Rafael Sanzio (1483-1520) inicia su formación con el pintor del Quattrocento, Perugino. Ambos pintaron un cuadro sobre los desposorios de la Virgen, que permite apreciar la evolución de la pintura en cuanto a la representación espacial y la presencia de la perspectiva. Después, en Florencia, la influencia de Miguel Ángel y Leonardo queda patente en la monumentalidad de las figuras y la técnica del sfumato. Rafael irá definiendo su estilo propio, en el que destaca su aportación a la iconografía de la Virgen María (Madonna del Prado). Presenta una relación más afable de la Virgen con el niño y la preferencia por las composiciones piramidales. Su Descendimiento determina el clasicismo como su lenguaje característico: aislamiento de las figuras.

Como reconocimiento a su obra, el papa Julio II le encarga la decoración de la Estancia de la Signatura de San Pedro del Vaticano. Como era habitual en el Renacimiento, las diferentes escenas buscan la continuidad entre el mundo y la cultura grecolatina con el cristianismo.

La Escuela de Atenas es, sin duda, la obra más popular. En ella puede apreciarse la presencia de numerosos filósofos y científicos deambulando y explicando sus teorías a sus discípulos, en un monumental y bramantesco espacio interior. Destacan las figuras que ocupan el centro de la escena: Platón, con el rostro de Leonardo, señala con el dedo hacia arriba, al mundo de las ideas, mientras que Aristóteles señala hacia el mundo de la realidad.


















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